Mi dedo torpe choca contra el cristal. Me han visto.
Corro.
Llego a casa.
A obscuras encuentro mi alma tirada donde la dejé.
Miro con dificultad mi dedo índice, la uña no sobrevivió.
El agua corre, está fría, no he comprado el gas.
Subo el interruptor, nada, no he pagado la luz.
En el refrigerador, una cerveza tibia.
Nadie llamó. Lo mismo.
El piso, sucio.
Hojeo las revistas, no siento nada.
Recargado en la pared me acuerdo de ella, sus pelucas, sus posturas, el dedo que le falta, suspiro, me excito aunque esté demasiado cansado para hacer algo al respecto.
Prendo la pipa, me gusta ese olor, fumo lo suficiente y la apago.
Miro a mi alrededor y me confieso a mí mismo que a veces doy escalofríos.
Son las doce y ya tengo sueño, canto.

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