Desperté y el cielo se había ido.
Existe un frío que sólo aparece cuando me acuerdo.
Me acuerdo de muchas cosas siempre, pero cuando me acuerdo de algunas el frío me llena las uñas y las pinta de violáceo, duelen un poco, como cuando uno se machuca fuerte. Esta vez me acuerdo de unos pantalones que usé mucho por ahí de cuando tenía 20 años, eran rojos, de pana, y me gustaba mucho usarlos, tanto, que los que me conocían no podían recordarme de otra manera, claro, había quien los detestaba, entre ellos, Miranda.
El cielo sigue sin aparecer.
Me veo a mí misma sentada en el pasillo grande de una casa, la luz encendida, afuera llueve, parece que hay más personas, sostengo un vaso rojo en la mano que al parecer está a la mitad, huele a alcohol con jugo de piña. Chicos y chicas caminan por el pasillo de un lado a otro, sonriendo, escucho a lo lejos que cantan una canción, que alguien sube el volumen, parece que todos son felices. Alguien se acerca, dice algo, se sienta, es Miranda.
No encuentro el sol, quizá ya es de noche.
En mi cabeza repaso lo que pensé ese día acostada en la cama con tu cuerpo sobre mí. Recuerdo haber creido, por una hora, que estaríamos siempre juntas.
No veo la luna, supongo que simplemente no hay cielo hoy, no sé por qué me sorprendí.
No encuentro las llaves, quizá no deba salir, no me he bañado, pero ya es tarde, o eso creo, además, tengo frío y no he comprado el gas.
Existe un frío que sólo aparece cuando me acuerdo.
Me acuerdo de muchas cosas siempre, pero cuando me acuerdo de algunas el frío me llena las uñas y las pinta de violáceo, duelen un poco, como cuando uno se machuca fuerte. Esta vez me acuerdo de unos pantalones que usé mucho por ahí de cuando tenía 20 años, eran rojos, de pana, y me gustaba mucho usarlos, tanto, que los que me conocían no podían recordarme de otra manera, claro, había quien los detestaba, entre ellos, Miranda.
El cielo sigue sin aparecer.
Me veo a mí misma sentada en el pasillo grande de una casa, la luz encendida, afuera llueve, parece que hay más personas, sostengo un vaso rojo en la mano que al parecer está a la mitad, huele a alcohol con jugo de piña. Chicos y chicas caminan por el pasillo de un lado a otro, sonriendo, escucho a lo lejos que cantan una canción, que alguien sube el volumen, parece que todos son felices. Alguien se acerca, dice algo, se sienta, es Miranda.
No encuentro el sol, quizá ya es de noche.
En mi cabeza repaso lo que pensé ese día acostada en la cama con tu cuerpo sobre mí. Recuerdo haber creido, por una hora, que estaríamos siempre juntas.
No veo la luna, supongo que simplemente no hay cielo hoy, no sé por qué me sorprendí.
No encuentro las llaves, quizá no deba salir, no me he bañado, pero ya es tarde, o eso creo, además, tengo frío y no he comprado el gas.

1 delirios enfermos:
A veces creo que lo peor que puede sucedernos se reduce a dos puntos básicos: Estar solo o no estarlo.
Debe haber un tercer estado, donde el miedo o la desesperación es igualmente inconcebible, pero debe ser como el ultravioleta o el infrarrojo, como que quizás nos faltan órganos para sentir esas emociones, o vivirlas.
Pasa más en el cuerpo de lo que uno puede estar alerta, eso seguro.
Saludos, aquí sigo ;)
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