Las paredes aún se sentían llenas de odio, la tensa calma entre dos personas que no tienen nada más que decirse, el cansancio de ser odiado y de odiar a muerte hasta con los dientes.
Ella miró entonces hacia el pequeño gato que yacía tirado sobre la alfombra bajo la mesa de centro, primero con hambre, luego con furia, pensó en arrancarle la piel a mordidas, sazonarlo con sal.
Continuó mirándolo por largo rato desde el sillón donde se encontraba largamente apostada mordiéndose con calma una uña. Armando fue a la cocina, tenía sed, escuchó un ruido. Cuando volvió a la sala, ella estaba de pie, lo miró y caminó rumbo a la puerta con decisión, se detuvo un minuto ante ella, sosteniendo con fuerza la perilla hasta volver roja la palma de su mano, lo miró de nuevo y exclamó entre dientes: ¡T’ngo hambr-rre! Cerró la puerta tras de sí, haciendo coro con la triste voz de Armando que decía: “Yo también” al momento que nervioso sostenía en su débil mano izquierda un pedacito de la patita peluda de su gato Motita.
Ella miró entonces hacia el pequeño gato que yacía tirado sobre la alfombra bajo la mesa de centro, primero con hambre, luego con furia, pensó en arrancarle la piel a mordidas, sazonarlo con sal.
Continuó mirándolo por largo rato desde el sillón donde se encontraba largamente apostada mordiéndose con calma una uña. Armando fue a la cocina, tenía sed, escuchó un ruido. Cuando volvió a la sala, ella estaba de pie, lo miró y caminó rumbo a la puerta con decisión, se detuvo un minuto ante ella, sosteniendo con fuerza la perilla hasta volver roja la palma de su mano, lo miró de nuevo y exclamó entre dientes: ¡T’ngo hambr-rre! Cerró la puerta tras de sí, haciendo coro con la triste voz de Armando que decía: “Yo también” al momento que nervioso sostenía en su débil mano izquierda un pedacito de la patita peluda de su gato Motita.
1 delirios enfermos:
Estos tipos están algo dañados, mira que comerse su gato.
Publicar un comentario