viernes, 18 de junio de 2010

La mosca

Las moscas de plástico solían espantar a mi abuelita o a alguna de las tías, mi papá nos enseñó el truco, un hilo amarrado a la mosquita de plástico y teníamos un susto casi seguro y diversión al instante. Cuidadosamente sin llamar la atención bajar de a poco la mosquita sobre el hombro de la víctima y esperar para moverla frente a ella, claro, la importancia del grito de alerta, ¡¿Ahh qué es eso?! Completaba el plan. Por supuesto que había que esperar unos días para volver a atacar.

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