Las piernas me duelen, le dije a Rogelio que le echara un ojo al carro mientras me bajaba a hablar con Lilia, ella me dijo algo por teléfono pero no terminó porque se le acabó el crédito, pero lo importante o lo que me parecía importante de aquella llamada era la manera en la que lo dijo, voy a ver a Julio, así como cualquier cosa. Me sentí mal por sentir que me traicionaba, por sentirme desplazado, triste por pensar que no me quería lo suficiente para importarle que me sienta mal si lo menciona, fue su esposo por tres años, lo quiere, me lo ha dicho, siempre lo querrá. ¿Y yo? me siento mal de que se me haya ocurrido pensar eso: ése ¿Y yo? Eso es para la gente chafa, no para la gente moderna como yo, yo debo confiar, que, aunque aún lo quiera, aún lo vea, aún lo desee -esto último me lo ha dicho precisamente para echarme en cara lo madura que es y lo maduro que se supone que yo sea en estos tiempos modernos-, aún sobre todo eso, debo confiar que me ama a mí ahora, que nuestra, nuestra vida, no corre peligro.
Temo que se haya ido, nadie responde al timbre parco que toco de manera pausada y con ritmo, para no incomodar a nadie, sobre todo a su madre, a la que aún no conozco del todo bien, la verdad no me interesa, a Lilia tampoco, eso va con su madurez y modernidad, no le importa que no quiera conocer y simpatizar con su familia. Escucho algo, una voz pregunta que quién soy.
-Alejandro- dije con tono de fingida cordialidad pero impecablemente bien actuado.
-¡Ah! Un momento, ¡espera!- dijo Lilia, pensé: está feliz.
Cuando abrió la puerta vi su cara roja, agitada, le dí un beso y le pregunté que cómo estaba, claro, dije, que vine porque andaba cerca cuando se cortó la llamada, que supuse que no tenía crédito y que no me costaba nada pasar a verla, que, bueno, que... qué ¿qué me decía?, mmmm algo sobre ir a ver a... me costó decir su nombre, aunque intenté que no lo notara.
-¡Ah, sí! -dijo, fingiendo, pésima, que lo recordaba como de pronto- Sí, es que me llamó, que tiene algunos problemas y pues me dijo que si podíamos ir a tomar un café -hizo una pausa como para ver si le decía algo, pero no lo hice, así que continuó- y pues quedamos de vernos al rato -pausa- ¿quieres ir?
Pude notar el esfuerzo que hizo para preguntarme si quería ir, quería decirle que sí, eso sería lo más moderno y maduro que haríamos ¿no? Estar los dos juntos con su antiguo amor. ¡Ah! Pero no, porque es personal, y ella es su amiga, yo no. Trampas. No sé por qué me pregunta si quiero ir, sabe que NO puedo ir, las reglas no escritas me lo prohiben, debo ser moderno, aguantar.
-No, para nada, ojalá que esté bien. -dije fingiendo un poquito, ni eso, que me importara.
-Sí es que está muy mal, ya te había contado que su hija se quiere ir a vivir con su mamá y lo está pasando fatal con lo del divorcio, por eso yo no me caso. Yo le dije que no se casara...
Parloteaba así pensando que con eso yo dejaría de pensar todo lo que estoy pensando, pero eso me gustaba más que quedarme en blanco, odiaba cuando no me daba mayores explicaciones, sentía un poco de crueldad de su parte cuando lo hacía, ocultarme cosas, o molestarse si las preguntaba, no importan, pero no te las diré... soy lento para lo moderno.
-Me tengo que ir, nada más pasé rápido -la interrumpí, para nada bruscamente.
-¿Ya? Okey, ¿entonces te veo en la noche?
-Sí, me hablas, por sí las dudas -como si en realidad pasara que suelo salir mucho por las noches.
-Okey.
-Va, así quedamos, me lo saludas -no pude decirlo.
-Sí, yo le digo -dijo mientras se paraba para darme un beso de despedida.
Cerró la puerta sin esperar a que me volteara para despedirme por última vez antes de bajar la escalera, eso es cursi, no es muy moderno.
Rogelio estaba fumando y tenía el estéreo del auto a todo volumen con The End de los Doors musicalizando su propio video personal: él viendo hacia la calle como si no le importara. Me acerqué sin que lo notará y le grité para sorprenderlo: ¡Bájale! El salto que dió me causó mucha gracia, no así a él que aún andaba muy arriba en el tren. Se recorrió al otro asiento y me dejó subir, no quitó la música, pero ya una vez sentado, decidí escuchar algo de mi propia banda, cuando pensaba que era el más moderno de todos y creía en los buenos nuevos tiempos.
Temo que se haya ido, nadie responde al timbre parco que toco de manera pausada y con ritmo, para no incomodar a nadie, sobre todo a su madre, a la que aún no conozco del todo bien, la verdad no me interesa, a Lilia tampoco, eso va con su madurez y modernidad, no le importa que no quiera conocer y simpatizar con su familia. Escucho algo, una voz pregunta que quién soy.
-Alejandro- dije con tono de fingida cordialidad pero impecablemente bien actuado.
-¡Ah! Un momento, ¡espera!- dijo Lilia, pensé: está feliz.
Cuando abrió la puerta vi su cara roja, agitada, le dí un beso y le pregunté que cómo estaba, claro, dije, que vine porque andaba cerca cuando se cortó la llamada, que supuse que no tenía crédito y que no me costaba nada pasar a verla, que, bueno, que... qué ¿qué me decía?, mmmm algo sobre ir a ver a... me costó decir su nombre, aunque intenté que no lo notara.
-¡Ah, sí! -dijo, fingiendo, pésima, que lo recordaba como de pronto- Sí, es que me llamó, que tiene algunos problemas y pues me dijo que si podíamos ir a tomar un café -hizo una pausa como para ver si le decía algo, pero no lo hice, así que continuó- y pues quedamos de vernos al rato -pausa- ¿quieres ir?
Pude notar el esfuerzo que hizo para preguntarme si quería ir, quería decirle que sí, eso sería lo más moderno y maduro que haríamos ¿no? Estar los dos juntos con su antiguo amor. ¡Ah! Pero no, porque es personal, y ella es su amiga, yo no. Trampas. No sé por qué me pregunta si quiero ir, sabe que NO puedo ir, las reglas no escritas me lo prohiben, debo ser moderno, aguantar.
-No, para nada, ojalá que esté bien. -dije fingiendo un poquito, ni eso, que me importara.
-Sí es que está muy mal, ya te había contado que su hija se quiere ir a vivir con su mamá y lo está pasando fatal con lo del divorcio, por eso yo no me caso. Yo le dije que no se casara...
Parloteaba así pensando que con eso yo dejaría de pensar todo lo que estoy pensando, pero eso me gustaba más que quedarme en blanco, odiaba cuando no me daba mayores explicaciones, sentía un poco de crueldad de su parte cuando lo hacía, ocultarme cosas, o molestarse si las preguntaba, no importan, pero no te las diré... soy lento para lo moderno.
-Me tengo que ir, nada más pasé rápido -la interrumpí, para nada bruscamente.
-¿Ya? Okey, ¿entonces te veo en la noche?
-Sí, me hablas, por sí las dudas -como si en realidad pasara que suelo salir mucho por las noches.
-Okey.
-Va, así quedamos, me lo saludas -no pude decirlo.
-Sí, yo le digo -dijo mientras se paraba para darme un beso de despedida.
Cerró la puerta sin esperar a que me volteara para despedirme por última vez antes de bajar la escalera, eso es cursi, no es muy moderno.
Rogelio estaba fumando y tenía el estéreo del auto a todo volumen con The End de los Doors musicalizando su propio video personal: él viendo hacia la calle como si no le importara. Me acerqué sin que lo notará y le grité para sorprenderlo: ¡Bájale! El salto que dió me causó mucha gracia, no así a él que aún andaba muy arriba en el tren. Se recorrió al otro asiento y me dejó subir, no quitó la música, pero ya una vez sentado, decidí escuchar algo de mi propia banda, cuando pensaba que era el más moderno de todos y creía en los buenos nuevos tiempos.
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