Miraba fijamente mi taza de café, incluso cuando te decía algo, parecía que le hablaba a la taza de café ya frío y que no había bebido. Mis manos temblaban, sudaban, se adherían asquerosas a la taza y tu voz se oía como detrás de una puerta de madera. Sentía el sudor escurriéndome por el rostro, tenía mucho frío. Miraba ahora mis uñas amarillas nicotina, tú seguías hablando de algo, pero no podía mirarte. Sentía como un frío en el pecho, así, profundo, extraño... mis labios secos, la nariz fría, tenía un sabor amargo en la boca por el café de tantas semanas. Miraba mis uñas amarillas, largas y mugrosas, traté de recordar la última vez que me había bañado, seguías hablando. Me asustaste y dí un brinco, tu mano estaba fría Te divirtió mi salto, reías, no podía mirarte y volví a huir ahora en el café derramado en el plástico que cubría el mantel de mascotita amarilla sobre la mesa.
-¿qué tienes?
-nada
-algo tienes
-ya no te quiero
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